Geografia de poblacion desplazada
En Suárez los negros esclavos se quedaron con las minas porque no era mucho el oro que había y era muy costoso sacarlo del fondo de los ríos como el Cauca y el Ovejas, o de sus orillas. Pero como a los negros no les gustaba tanto el dinero, se dedicaron a sacar poquito a poquito el poquito oro que había y sembrar maíz, plátano, yuca y caña papelera para comer. En los ríos pescaba bagre, boca chico y barbudo. Así tenían un poco de oro que vendían para comprar ropa, sal, pólvora, fósforos y herramientas. Para los negros esclavos la fuga de la mina y de la esclavitud era la alegría. Muchos se les escapaban a sus amos y hacían pueblitos escondidos en las selvas para vivir. Se llamaban palenques y a los negros escapados se les decía cimarrones.
Un día bajaron del tren unos ingenieros con teodolitos, con mapas, con picas y palas. Llegaron a mirar si con el río Cauca se podía hacer una represa para que con la fuerza del agua se produjera electricidad. Las Ciudades necesitaban electricidad para alumbrarse y las fábricas para mover sus máquinas. Vieron que el río Cauca corría entre montañas que lo apretaban, que hacían estrecho el cauce de las corrientes de agua y decidieron construir una enorme hidroeléctrica, es decir, una fábrica de electricidad, usando las aguas del Cauca.
A los Ingenieros no les importó que al hacer la represa inundarían parte de las tierras dónde los negros cultivaban y parte de las minas de dónde sacaban oro y les destruían muchos muchos caminos por donde andaban. Nada les importó. Los negros discutieron, pelearon, patalearon, pero el gobierno tenía más fuerza con su policía y con su ejército. Hizo la represa que se llamó Salvajina. Para evitar que hubiera enfrentamientos con sangre y escándalos, les ofreció comprarles parte de las tierras que se iban a perder por la inundación; los negros aceptaron llorando. Querían mucho sus tierras y sus minas. Les pagaron muy poquito, como para que no molestaran mucho. Y los negritos se fueron. Unos para Cali, otros para Santander. Algunos se metieron al río Ovejas, donde tenían parientes.
Hasta que otro día llegaron otras personas a catear cuánto oro tenía el río Ovejas y llegaron a la conclusión de que era un río muy rico en oro. Que el oro estaba en las orillas y sacarlo y llevárselo con máquinas era fácil y barato porque usaban retroexcavadoras. Al sacarlo le echan mercurio que es un veneno que sirve para que el oro que está en polvo o en pepitas de una y forme bolitas.
Pero los negros se negaron. Para ellos el río es como la teta para un bebé, de ahí sacan lo que necesitan para vivir. Y nunca sacan mucho, porque si sacan mucho, sus hijos y sus nietos se van a quedar sin él.
El gobierno se puso de parte de los dueños de las retroexcavadoras porque les pagaban impuestos; los negros nada le pagaban al Estado. El Estado hace eso para poder vender a las compañías las minas de oro, o de carbón, niquel o petróleo que hay debajo de la tierra. Y ahí está la pelea casada. Cómo los negros se defendieron y peleaban contra las retroexcavadoras rodeándolas y no dejándolas robarse el oro, el gobierno dejó que los dueños de las máquinas llevarán a los paramilitares.
El gobierno aceptó posteriormente prohíbir las retros, no sólo porque eran de narcotraficantes, sino porque tienen en mente darles a grandes empresas multinacionales las minas de oro de toda la región para que las exploten con maquinaria gigantesca, saquen oro de todos los cerros y dejen los huevos para que se llenen de agua y formen lagos dónde los hijos de los ricos puedan ir a divertirse navegando en sus veleros. (Tomado del capítulo la toma del libro cartas a Antonia de Alfredo Molano Bravo)
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